





( Obra de Yüksel Arslan
http://www.coolhunting.com/design/yuksel-arslan.php )
Hace dos semanas que llegué a Estambul impulsada por la idea de dejarme mecer por esta ciudad para realizar un nuevo proyecto de butohgrafía.
Esta vida de nómada, en constante movimiento con la mochila y la cámara al hombro, me hacen buscar mi ancla y mi punto de referencia en el lugar en el que me encuentro, y después de años en movimiento, con este lerele gitano, me he dado cuenta que la naturaleza es el único espacio que no me hace sentirme extranjera.
Bizancio, Constantinopla, Istanbul, nombres que adivinan la cantidad de movimiento que se ha sucedido a lo largo de los siglos en este lugar, no consiguen que eche el ancla a pesar de lo majestuoso y seductor del lugar.
El riesgo sísmico permanente que se crea por la falla de Anatolia del Norte es como si no le dejaran a uno aterrizar del todo.
Una ciudad perfecta para visitar una semana y volar de nuevo.
Paseando las calles, dejandome seducir por siglos de arquitecturas superpuestas y atardeceres de esos que le ponen a uno el corazón alegre, encontré la fuente de inspiración en un libro escondido debajo del sofá de mi amigo Ozerk.
Una retrospectiva del artista turco, Yüksel Arslan, la única referencia del arte surrealista que ha surgido en Turquía y que lleva más de 50 años viviendo en Paris.
Me vi de golpe sumida en un estado de ensoñación con una de sus obras: un camino formando por un pentagrama y una con montañas cantarinas que me llevaba directamente hacia el corazón de Anatolia: la Capadocia.
Un lugar que se formó hace 3 millones de años con la erupción de tres volcanes y el paisaje lunar que se ha creado me acerca de nuevo a experiencias conocidas como Ladakh. El viento ha dibujado los contornos pintando un retrato sureal alejado de todo lo que el ojo esta acostumbrado a contemplar.
Siento una necesidad profunda de ahondar en la interacción del ser humano con la naturaleza en la fusión de los espacios y hacerlos uno.
Retratos del otro que se vuelven espejos de mi misma.
Pinturas de otros como las de Yüksel Arslan que se tornan autoretratos.
Esa búsqueda incesante,me mueve esta noche de luna negra, con la danza y la cámara de nuevo, a rasgar la desnudez del alma humana más allá de lo visible ... y de lo invisible.